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-¿Me quieres?-oigo susurrar una voz masculina al otro lado del móvil.

            Aún estando segura de quién habla, pregunto quién es.

            -¿Me quieres?-vuelve a preguntarme, esta vez gritando, casi a punto de sufrir un ataque de histeria, como si acabara de descolgar el teléfono, o estuviera ensayando cuál sería la mejor forma de plantear la pegunta.

            Me quedo petrificada, insegura de qué debo contestar a aquella pegunta trampa, de cómo reaccionar. Después de tanto tiempo sin verle, sin hablar, sin recibir una mísera noticia suya… ¿Por qué después de todo aquel tiempo, después de todo lo sucedido, por qué dejaba caer aquella pregunta, la cual me pesaba en la conciencia como una losa de cemento?

            -¿Eres tú, Nilo? ¿Has bebido?-es lo único que consigo decir. Le oigo reír al otro lado del teléfono. Me suena a una risa desquiciada y a la vez a una burla.

            Vuelve a reinar el silencio, un silencio ensordecedor. En la calle se oyen los gritos y la música procedentes de la discoteca de la cual acabo de salir. Me levanto de la acera mojada y comienzo a andar de un punto a otro, esperando que se me ocurra algo que decir. O que él diga algo. Pero nada. Comienzo a morderme las uñas, nerviosa.

            Oír su pesada e irregular respiración, no saber cómo o dónde se encuentra, me pone de los nervios. Siento miedo, igual que todas las veces que he estado con él. Miedo de lo que pudiera hacerse a sí mismo y las consecuencias que tendrían aquellas decisiones a corto o largo plazo. Éstas últimas eran las que más daño hacen y las que más me aterrorizan.

            -Solo necesito que me contestes esa pregunta-dice con cansancio, un cansancio que parecía haber acumulado durante años. Cansancio y dolor que ya no era capaz de aguantar.

            -No, no, por Dios. No me hagas esto, Nilo, sabes que no es tan fácil.

            -Las cosas casi nunca son fáciles-contesta él. Sabiendo que ahí no había acabado la cosa y que diría algo que le diera la razón, que me hiciera contestar a su pegunta, dice-: Pero esta vez sí que lo es. Solo debes contestar sí o no.

            -Por favor… -comienzo diciendo, pero Nilo no me deja terminar la frase.

            -Sí o no-esta vez pronuncia estas tres palabras con dureza y autoridad.

            -Nilo, será mejor que cuelgues y te vayas a dormir; mañana lo verás todo más claro.

            -Oh, claro que lo veré todo más claro. ¡Más claro que nunca!-Noto en su voz una mezcla de diversión y algo sombrío que me consigue poner la carne de gallina.

            Aquellas palabras no me transmitían nada bueno.    

-¿A qué te refieres?

Le oigo suspirar.

-Creí que ya no bebías-le espeto con dureza-. Creía que habías conseguido desintoxicarte y que por eso habías desaparecido durante tanto tiempo.

-He estado pensando en muchas cosas… sobre todo en ti y en mí, en lo nuestro.

-Ya no hay nada nuestro-digo entre dientes, con una punzada de dolor en el pecho y un nudo en la garganta y el estómago.

Volvemos a callar. Intento contener las lágrimas mientras me imagino la cara de dolor y traición de Nilo. Me siento como un monstruo, pero así deben ser las cosas. Después de tantos años observando cómo bebía y se inyectaba cosas en las venas, ya no aguantaba. Me aterrorizaba hundirme. Había intentado ayudarle, pero había fracasado en el intento como muchos otros seres queridos suyos que lo habían intentado antes que yo. Nilo estaba en un continuo proceso de decadencia. Todos se habían alejado de él para no sufrir más de lo necesario cuando llegara a un punto crítico. Incluso yo, y aquello era algo que me reprochaba cada dos por tres. Me desgarraba el alma.

-Supongo… supongo que ya sabía que tu respuesta sería esa-dice otra vez con voz cansada, pero a la vez seria.

-Entonces no entiendo por qué llamas.

-Debía asegurarme. Uno debe asegurarse de cosas tan importantes.-Hace una larga pausa, después continúa-: Sé que tú también lo has pasado muy mal con todo esto y también que esta llamada tan repentina no te ha agradado.

-Entonces no entiendo por qué me llamas. No vas a sacar nada bueno de esto-digo una vez más con brusquedad, aparentando estar irritada, pero se asemeja más a una recriminación.

El silencio vuelve a reinar y yo vuelvo a imaginar lo dolido que debe estar Nilo por mis bruscas palabras. Pero, ¿de qué otro modo puedo alejarnos? Ya sé cuál va a ser el final de esta historia y yo no quiero presenciarla.

-Hay algunas cosas que creo que debes saber. También sé que quieres que te conteste a algunas preguntas.

Es verdad: tenía un centenar de preguntas que hacerle. Como, por ejemplo, qué había estado haciendo durante todos esos últimos meses, o qué le había llevado hasta este punto. Conteniéndome para no soltar todas las preguntas del tirón, digo:

-Creo… creo que sería mejor hablar todo esto en persona.

-No hay tiempo.

-Yo necesito verte-suelto al instante, sin poder contenerme, sin pensármelo dos veces.

Me reconcome por dentro no saber cómo será su aspecto después de tanto tiempo, si seguirá estando demacrado. Pálido, delgado, con el pelo largo y descuidado, con su bella voz convertida en un grave gruñido, con los dientes destrozados a causa de la heroína. Siempre con la cabeza en otra parte, en su propio mundo.

-No te hace falta… y tampoco te gustará lo que verás.

No sé por qué, pero me imagino a Nilo sonriendo.

-¿Dónde has estado todo este tiempo?, ¿por qué no contactabas de algún modo conmigo?, ¿de verdad fuiste a desintoxicarte o acaso…?-suelto todo a borbotón, quedándome al poco tiempo sin aire en los pulmones.

Hacía mucho tiempo que quería hacerle estas preguntas.

Espero unos escasos segundos, conteniendo las lágrimas y las demás preguntas que tenía en mente, hasta que Nilo comienza a hablar:

-He viajado con el dinero que me quedaba de la herencia de mi padre (lo que no me pulí en alcohol y drogas). Mayoritariamente a lugares desiertos. Repelo a la gente casi tanto como ellos a mí, por lo que he preferido estar más tiempo en contacto con la naturaleza.

>>No te puedes imaginar la de veces que estuve tentado de llamarte, pero muy en el fondo sabía que no estaba preparado. Si hubiera vuelto a escuchar tu voz habría intentado volver a tu lado desesperadamente, y sabía que aquello no era sensato. También era consciente de que tú no habrías sido capaz de aguantar la situación.

Asiento en silencio, cerrando con fuerza los ojos e intentando no derramar ni una lágrima mientras presto atención a su historia.

-Necesitaba… no, no necesitaba, más bien mi alma, mi mente y mi cuerpo, debían estar a solas. Debía entenderme a mí mismo, saber dónde había cometido los errores que me habían llevado hasta aquí y cuál era la solución.

Nilo se queda en silencio, dándome tiempo a asimilar sus palabras.

-¿Y lo has conseguido?

-Bueno, para mí es una solución… y buena.-Después continúa con su historia-: Hace mucho tiempo que me di cuenta de que nada me ilusiona, solo la droga… y a veces ni eso. No creo que nadie sepa cómo es vivir así. Es como si me hubiera topado con un dementor y éste me haya sorbido el alma-suelta con una risita baja.

Recuerdo la devoción que siente Nilo por aquellas novelas y sonrío a mi pesar. Ahora eran libros que no era capaz de leer porque solo me recordaban a él y los momentos buenos y malos que hemos pasado juntos.

-Es como esa canción en la que el cantante cantaba unos versos que, si los traducías, eran algo como: <>. Me han robado la vida.

Reconozco la canción y entiendo a qué se refiere.

            -Me desintoxiqué a mi manera, aunque no he sido capaz de dejar de fumar. Pensaba que, si dejaba toda esa mierda a un lado, conseguiría sentirme como antes…

            -No lo has conseguido.-Claramente, es una afirmación más que una pregunta.

            -Supongo que así soy en realidad. No hay arreglo porque no hay nada que arreglar. No puedes hacer que un coche vuele si está diseñado para ir por tierra.

            >>Lo único que siento es que me hubieras conocido, así te habría ahorrado sufrimiento innecesario, a ti y a los demás.

            -Siento haberte abandonado-consigo decir entre sollozo y sollozo-. Y ellos también. Sé que todos se sienten como traidores por ello…

            -Lo entiendo perfectamente, es lo más sensato que pudisteis hacer. En realidad he de reconocer que, cuando uno por uno empezasteis a iros de mi lado, no me sentó bien, más bien me sentí vendido. Pero he tenido tiempo de pensar sobre ello y al final me di cuenta de que yo había reaccionado erróneamente.

            No doy crédito a lo que oigo. Los amigos no hacen esas cosas, ¿cómo podía decir que habíamos hecho bien abandonándolo cuando más falta le hacíamos?

            -Diles que no se reprochen nada de lo que hicieron o dijeron, eso forma parte del pasado. Y tú tampoco, por favor, es lo único que te pido. Diles que… muy en el fondo… les quiero.

            Noto que le cuesta mucho pronunciar las palabras, como si no estuviera seguro de que sean verdad.

            -De acuerdo-digo automáticamente-. Pero sería mejor que los llamaras tú y se lo dijeras; les hará felices saber que estás vivo.

            Oigo una puerta abrirse a mis espaldas y por la puerta de la discoteca aparece mi amiga Maite.

            -¿No entras todavía? ¡Has dejado plantado a Lucas!-grita sin darse cuenta.

            Señalo el móvil y con los labios gesticulo  <>. Maite asiente y vuelve a entrar en la discoteca.

            -No-dice Nilo rotundamente.

            Prefiero no insistir.

-No has respondido a mi primera pregunta.

De la discoteca sale Lucas riendo, el chico que me habían presentado unos amigos aquella noche.

-¡Eh! ¿Me vas a tener todo el día esperando?-dice riendo y alzando la voz un poco más de lo necesario. Después, algo avergonzado, dice-: Oh, perdona, no sabía que estuvieras hablando por el móvil.

-Tranquilo, justo ahora iba a entrar-digo dirigiéndome a Lucas. Dirigiéndome a Nilo digo-: Tengo que colgar. Llámame mañana… o mejor quedamos cuando te veas capaz.

-Me gustaría explicártelo, pero ni puedo ni debo.

-Explicarme el qué.

-Da igual. Sé leer entre líneas. Sé que sigues queriéndome, pero eso no me basta.

Segundo después cuelga.

¿A qué se refiere con que no le basta? Algo desorientada y con la mente aún en la conversación que acabo de tener, entro en la discoteca acompañada de Lucas.

La noche pasa rápido. No consigo concentrarme en nada de lo que me dicen la gente de mi alrededor, solo intento descifrar las palabras de Nilo. Recordar experiencias pasadas a su lado también era algo a lo que me dedico durante la noche.

Al final llego a mi apartamento hecha un lio. Me desplomo en la cama sin quitarme ni la ropa ni los tacones y a los pocos minutos me quedo dormida.

Es una noche corta, pero llena de sueños en los que me reúno con Nilo.

La vibración del móvil me despierta. Noto un dolor palpitante en las sienes. Era la una de la tarde. Me aclaro la garganta y contesto la llamada.

-¿Diga?- Me tumbo de lado y dejo el móvil reposar encima de la oreja.

Lo único que consigo distinguir de la otra línea, son ruidos que se asemejan a sollozos de mujer.

-¿Gabi? ¿Eres tú?-dice una voz femenina.

-Sí. ¿Quién es?

-Soy yo, Vayentha.

Siento cómo mi corazón da una violenta sacudida dentro del pecho, acompañada por el estómago. Me incorporo del todo en la cama y cojo el móvil.

-Ho… hola. ¿Qué pasa?

Hace mucho que no hablo con Vayentha, la hermana de Nilo, y el hecho de que me llame precisamente a mí después de tanto tiempo y encima llorando, me da muy mala espina.

Vayentha comienza a balbucear y a decir cosas de las cuales solo consigo reconocer el nombre de Nilo.

-Eh, eh. Espera, frena un poco, Vayen, no he entendido nada de lo que me has dicho.

Oigo cómo sorbe la nariz.

-Nilo…, él… Él… se ha…-Hace una pausa, imagino que para ordenar sus pensamientos e intentar calmarse un poco. Al final dice-: ¡Nilo ha muerto!

Siento un fuerte golpe en el pecho que me deja sin aire. No estoy segura de dónde me encuentro ni de qué demonios hago aquí. Desconcierto total. A mis labios (secos de repente) acude una sola pregunta:

-¿Có… cómo?

Vayen vuelve a sorber la nariz.

-Se ha suicidado-susurra. Parece que le faltan las fuerzas.

Otro golpe en el pecho. Se me nubla la vista y comienzo a temblar. Por poco se me cae el móvil de las manos por culpa de las sacudidas.

-Pero… ¡yo hablé ayer por la noche con él! ¡Parecía estar mejor que nunca! Quiero decir…

No consigo terminar la frase, ni siquiera le consigo encontrar un final. ¿De verdad había estado bien Nilo cuando hablé con él ayer? ¿O es que intenté engañarme a mí misma?

            << ¿Se ha suicidado? ¡Pero si yo hablé ayer con él!>>

            <<Sé que sigues queriéndome, pero eso no me basta. >>

            ¿Se refería a que mi amor hacia él no era suficiente para mantener sus escasas ganas o fuerzas de vivir?

            Entonces… había sido mi culpa. ¡Si yo no me hubiera alejado de él…! ¡Si tan solo le hubiera dicho “te amo”…! Dios mío, ¡él ni siquiera sabía que yo le amaba!

            ¿Era ahora una asesina?

            -Como salíais juntos, pensé que agradecerías que alguien te informara…-dice Vayen.

            -Sí, sí… claro. Gracias… supongo-digo intentando no balbucear-¿Podrías decirme cómo…?

            -Se pegó un tiro en la cabeza-dice sin vacilar.

            No me atrevo a preguntar de dónde cojones ha conseguido sacar un arma.

            -Lo extraño es-prosigue Vayen con voz temblorosa y oigo cómo cambia el móvil a la otra oreja-que no dejó ninguna carta ni ninguna nota. Quiero decir que… ¿no hace eso la gente antes de suicidarse, dejar cartas en las que explican por qué lo han hecho y en las que dicen… cosas?

            Suspiro profundamente, sintiéndome sin fuerzas para nada, pensando en el negro funeral que se acerca. En el peso con el que voy a tener que convivir durante toda mi vida. En que el olor de Nilo se ha esfumado de mi vida y del mundo, igual que todo lo demás que era suyo.

            -Vayen, yo fui su carta de suicidio.   

Scene5[1]

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